martes, 22 de diciembre de 2009

Bacillus thuringiensis y sus toxinas insecticidas


Bacillus thuringiensis y sus toxinas insecticidas

Mario Soberón y Alejandra Bravo

Instituto de Biotecnología/ Universidad Nacional Autónoma de México. Ap. Postal 510-3. Cuernavaca 62250, Morelos. México

Bacillus thuringiensis (Bt) (Fig 1) es una bacteria Gram-positiva, aerobia estricta, morfológicamente relacionada con Bacillus cereus y Bacillus anthracis (28). Estas tres especies bacterianas, durante su ciclo de vida, presentan dos fases principales, la fase de crecimiento vegetativo en donde las bacterias se duplican por bipartición cada 30-90 min dependiendo del medio de cultivo y la fase de esporulación, la cual es un programa de diferenciación de bacteria a espora. El programa de diferenciación consta de siete estadíos, se dispara cuando la bacteria se encuentra en limitación de nutrientes (3). La espora es una forma de vida latente que puede permanecer en el ambiente por periodos de tiempo muy largos (años) en ausencia de humedad y nutrientes. Cuando la espora se encuentra de nuevo en un medio rico que contenga los nutrientes necesarios puede germinar para comenzar de nuevo el crecimiento vegetativo.

Bt es considerada una bacteria ubicua ya que se ha aislado de todas partes del mundo y de muy diversos sistemas como suelo, agua, hojas de plantas, insectos muertos, telarañas, etc. A Bt se le diferencia de B. cereus y B. anthracis por contener un cuerpo paraesporal conocido como cristal, el cual es de naturaleza protéica y tiene propiedades insecticidas. Esta constituido por proteínas denominadas δ-endotoxinas tambien conocidas como proteínas Cry y Cyt. Se han encontrado δ-endotoxinas activas contra insectos lepidópteros (mariposas), coleópteros (escarabajos), dípteros (mosquitos), himenópteros (hormigas), ácaros y tambien contra otros invertebrados como nemátodos, gusanos planos y protozoarios (18). La primera bacteria fue aislada del gusano de seda en 1902 (Fig 2). Durante muchos años se pensó que Bt era un patógeno de lepidópteros porque solo se aislaron cepas activas contra este tipo de insectos. En 1978, se encontró una bacteria Bt subsp israelensis capaz de matar mosquitos y en 1983 una Bt subsp. tenebrionis activa contra insectos coleópteros. Fué a partir de entonces que un gran numero de investigadores en todo el mundo se dedicó a buscar más de estas bacterias y se han encontrado una gran diversidad de éstas, las cuales se han caracterizado por su serotipo H-flagelar o sea por las proteínas presentes en el flagelo en más de 45 serotipos y 58 serovariedades diferentes (59).

Poco se sabe sobre el habitat natural de Bt sin embargo dado su requerimiento vitamínico y de algunos aminoácidos como glutámico, asi como a su actividad bioinsecticida, se piensa que la forma de vida vegetativa solo se presenta en el interior de insectos que infecta hasta que esporula y es liberado al medio ambiente donde permanece en forma de esporas, lo que explica su amplia distribución (59).


En especies de Bacillus, la endospora se desarrolla en un esporangio que consiste de dos compartimentos celulares conocidos como la célula madre y la espora. Las proteínas insecticidas se acumulan en la célula madre durante el proceso de esporulación. La animación 1 muestra las diferentes etapas del proceso de esporulación y la acumulación del cristal insecticida. Este programa de diferenciación involucra la regulación de muchos genes en el tiempo y en el espacio a través de la utilización de multiples factores sigma que se expresan a diferentes tiempos en los dos compartimentos (27). En el estadío I se inducen los genes que iniciarán la esporulación. Este punto puede ser reversible si se adicionan nutrientes. Sin embargo, a partir del estadío II de esporulación, el proceso es irreversible y continua hasta finalizar con la formación de la espora. En el estadio II, la bacteria forma un septo de división asimétrico. En el estadio III, se inicia la síntesis del cristal insecticida, la cual continuará hasta el final de la esporulación. La síntesis del cristal insecticida se da a partir de dos promotores que funcionan secuencialmente (Bt1 y Bt2). El primero es activado por sigmaE durante los estadios III y IV y el segundo por sigmaK durante los estadios V y VI. Durante estos pasos se lleva conjuntamente la formación de la espora. Finalmente en el estadio VII se sintetizan enzimas líticas que liberan a las esporas y los cristales insecticidas (3).


Factores de virulencia producidos por Bacillus thuringiensis


Además de las δ-endotoxinas, B. thuringiensis ha desarrollado una serie de factores de virulencia que le permiten infectar a sus blancos con mayor eficiencia. Entre estos factores de virulencia se encuentran: fosfolipasas (75), proteasas (45), quitinasas, a-exotoxinas o exotoxinas termolabiles (60), las β-exotoxinas, las cuales son toxinas que funcionan como análogos de ATP (40) y las proteínas VIP, que son proteínas insecticidas que se producen en la fase vegetativa del crecimiento (16). Las proteínas VIP se han cristalizado y contienen un dominio semejante al sitio activo de proteínas con actividad de ribosilación de ADP (Fig 3). Se propone que estos factores ayudan a la bacteria en la infección del insecto. Se ha reportado que en algunos casos la mezcla esporas/cristales mata mucho más eficiente que los cristales solos.


Clasificación de las δ-endotoxinas de Bacillus thuringiensis


Como se mencionó, existen dos tipos de δ-endotoxinas: las proteínas Cry y las proteínas Cyt (Fig 3). A la fecha se han clonado y secuenciado 166 diferentes genes cry y 16 diferentes genes cyt. La primera clasificación de las δ-endotoxinas se basó en la especificidad de la actividad insecticida (30). En esta clasificación las toxinas CryI eran las que presentaban actividad contra insectos lepidópteros, las toxinas CryII eran proteínas más pequeñas de 70 kDa, actividas contra lepidópteros y dípteros, las toxinas CryIII eran proteínas activas contra insectos coleópteros; las toxinas CryIV activas contra insectos dípteros y las CryV y CryVI activas hacia nemátodos, en donde el CryVI era un grupo que no tenía homología con el grupo CryV (17). Sin embargo, muy rapidamente se dieron cuenta que esta clasificación no era adecuada ya que empezaron a encontrar proteínas Cry que eran muy semejantes, pero con especificidad diferente ó toxinas Cry con actividad dual hacia lepidópteros y coleópteros, las cuales también las llamaron CryV, creando una gran confusión en la nomenclatura. Esto propició que se creara una nueva nomenclatura de las δ-endotoxinas basada exclusivamente en la similitud de la secuencia primaria (10). En esta nueva nomenclatura los números romanos se cambiaron por números arábigos. La definición de proteínas Cry es cualquier proteína paraesporal de Bt que muestre un efecto tóxico hacia algún organismo, verificable por medio de bioensayos ó cualquier proteína que muestre similitud con las proteínas Cry. Actualmente se han encontrado toxinas Cry en otras especies de bacterias como Clostridium bifermentans (clasificadas como Cry17A, Cry18A, y Cry19A con actividad hacia mosquitos) (2). Las proteínas Cyt denotan a las proteínas paraesporales de Bt que muestren actividad hemolítica ó tengan similitud con la secuencia de las toxinas Cyt.


A la fecha las proteínas Cry estan agrupadas en 28 grupos y varios subgrupos y las proteínas Cyt en dos grandes grupos y varios subgrupos. Cada grupo muestra una especificidad muy grande hacia ciertos tipos de insectos. La figura 4 muestra un filograma de las toxinas Cry descritas a la fecha. Esta figura se actualizan constantemente y puede ser visualizadas via Internet (http://www.biols.susx.ac.uk/Home/Neil_Crickmore/Bt/). En esta dirección se encuentran tambien los números de acceso al GenBank y las referencias de cada proteína Cry y Cyt. Esta figura fué construida utilizando como base un alineamiento multiple de todas las secuencias utilizando el programa CLUSTAL W (66), posteriormente las relaciones filogenéticas de estas secuencias se analizaron con el programa NEIGHBOR (19) y la matrix de distancia Dayhoff PAM (19).

Las lineas verticales presentes en la figura 4 representan los límites en identidad que marcan las diferentes categorias en la nomenclatura. El número arábigo se designa con la primera fila que corresponde hasta 45 % de identidad. La segunda hilera cataloga a las proteínas con una letra mayuscula y corresponde a identidades de 45 a 78 %. La tercera fila asigna una letra minúscula y corresponde a identidades de 78 a 95 %. La última fila incluye un número arábigo al final de la nomenclatura indicando mas de 95 % de identidad.


Es importante señalar que al hacer el análisis filogenético algunos grupos de secuencias mostraron tener distancias infinitas, lo que indicaba que estas secuencias eran muy diferentes y por lo tanto fueron tratadas como grupos independientes. Este es el caso de las toxinas Cyt, Cry6, Cry15 y Cry22. Es probable que estas toxinas tengan estructuras y mecanismos de acción diferentes al resto de la familia Cry.


Distribución de genes cry en la naturaleza: El caso de México

Se ha sugerido que la gran diversidad de los genes cry se generó, en parte, por la co-evolución de estos genes con las diferentes especies de insectos blanco. Esto sugiere que podría haber una distribución de los genes cry en la naturaleza directamente relacionada con la distribución de diferentes especies de insectos. En particular, el territorio mexicano es un sitio atractivo para estudiar la distribución de genes cry en la naturaleza, ya que México tiene una variedad importante de nichos ecológicos y una gran diversidad de especies de insectos.

Con el proposito de contar con una colección de cepas que permitiera estudiar la distribución de los diferentes genes cry en México así como para poder identificar genes cry potencialmente nuevos, se aislaron cepas de Bt de 503 suelos provenientes de cinco macroregiones de México (Fig 5) (7). Las muestras de suelos provenian de campos cultivados (maíz, sorgo, arroz, caña de azucar, frijol, chícharo, café, cacao, alfalfa, chile poblano, agave, durazno, mango, papaya, melón, tomate, calabaza, cebolla, brócoli y zanahoria) o vegetación natural (bosque de pinos, selva tropical, selva temperada y pastizales) en sitios donde nunca se había aplicado Bt. La altitud de los sitios donde se tomaron muestras de suelos varió del nivel del mar hasta 2,900 metros sobre el nivel del mar. Cincuenta muestras de suelo se colectaron de la zona Norte del Pacífico (Sonora, Sinaloa y Nayarit) y cuarenta y cuatro suelos de la región Norte (Durango, Zacatecas y San Luis Potosi). Estas dos regiones corresponden a lo que denominamos estepa árida. Ciento ochenta y ocho suelos se colectaron de la meseta central (Jalisco, Guanajuato, Morelos y Puebla) que corresponden a climas temperados y fríos. Cincuenta suelos se colectaron de la región del Golfo de México (Veracruz y Tabasco) y ciento sesenta y seis suelos se colectaron de la región Pacífico-Sur (Chiapas y Oaxaca). Las ultimas dos regiones tienen climas tropicales. Se aislaron cepas de Bt en 456 de los 503 suelos analizados (7). De 8,179 cepas observadas en el microscopio se seleccionaron 1,948 que pruducían cristal proteico durante la fáse de esporulación. Se eliminaron la cepas hermanas a traves de comparar el perfil de proteinas producidas en cepas provenientes del mismo suelo. Al final de este proceso se seleccionaron 496 cepas de Bacillus thuringiensis (7).

Se caracterizó el contenido de genes cry en las 496 cepas seleccionadas. Esto se realizó a traves de amplificar selectivamente la mayoría de los genes cry, mediante la reacción en cadena de la polimerasa (PCR). Se utilizaron oligonucleotidos específicos para cada grupo (e.g. cry1) o subgrupo (cry1A, cry1B etc.) de genes. Además los oligonucleotidos fueron diseñados de manera que cada gene ya descrito diera una banda de un tamaño particular. De esta manera fue posible identificar genes potencialmente nuevos como aquellos en que las bandas de PCR tenían un tamaño diferente al esperado ó que daban un producto de PCR con los oligonucleotidos generales de un grupo pero que no con los oligonucletidos específicos para cada subgrupo ó también cepas que no daban ningún producto de PCR pero que si produjeran el cristal protéico. En la figura 6 se muestra un resumen del contenido de genes cry en las cepas de Bt Mexicanas. Las cepas que contienen genes cry1 fueron las más abundantes representando el 49 %. Cepas con genes cry3 fueron el 22 %, mientras que cepas conteniendo genes cry11 y cyt fueron el 8%. Las cepas conteniendo cry7, cry8, y cry9 fueron muy pocas. Finalmente, 14 % de las cepas no dieron ningun producto de PCR a pesar de que producían cristales proteicos, por lo que estas cepas son candidatas para portar genes cry nuevos y con la potencialidad de matar a otros insectos (7).

En la figura 5 se muestra la distribución geográfica de los genes cry potencialmente nuevos, mostrando que en la zona tropical es donde es más frecuente aislar cepas con genes cry potencialmente nuevos. Cabe destacar que la diversidad de especies de insectos es mayor en estas regiones. También en la zona tropical es más frecuente el aislamiento de cepas de Bt que portan genes cyt y cry11 los cuales son específicos para insectos dipteros; esta distribución correlaciona con la mayor abundancia de insectos dipteros en estas regiones (7). Por otra parte se encontró que también hay una mayor frecuencia de cepas con genes cry1E y cry1F en la región tropical. Estos genes son toxicos para insectos del genero Spodoptera. Sin embargo no hay una clara diferencia en la distribución de estos insectos en las diferente regiones analizadas. Estos datos sugieren que sí existe una correlación entre la distribución de insectos y la distribución de genes cry en el medio ambiente, pero es necesario analizar una cantidad mayor de colecciones y su posible correlación con la distibución de insectos para poder llegar a conclusiones más firmes sobre la distribución de Bt y de sus genes cry en la naturaleza.


Mecanismo de acción de las proteínas Cry


Los síntomas que se observan a partir de que las larvas de insectos susceptibles ingieren los cristales y esporas de Bt son: cese de la ingesta, parálisis del intestino, vómito, diarrea, parálisis total y finalmente la muerte (1). La figura 7 muestra una foto de una larva infectada por Bt, como se puede observar la larva presenta un color negro característico de las infecciones por Bt. Los estudios histopatológicos han mostrado que las células columnares del intestino medio son las estructuras afectadas inicialmente y en particular, la microvellosidad apical, la cual se destruye en su totalidad (14, 52) (Fig 8). Los efectos en el otro tipo de células de las que está constituido el intestino medio de los lepidópteros, las células caliciformes, son más lentos, pero estas caso también se ha observado citólisis (6, 25).


El mecanismo de acción de las proteínas Cry es un proceso de varios pasos: solubilización del cristal, procesamiento de las protoxinas, unión al receptor, inserción a la membrana, agregación, formación de poro y citólisis. La animación 2 muestra un esquema donde se presentan los diferentes eventos en el modo de acción de las proteínas Cry.


a) Solubilización y procesamiento de las protoxinas Cry


Los cristales producidos por Bt se solubilizan a pH alcalino liberando a la "protoxina" (23) tambien se requiere un medio ambiente reductor para romper los puentes disulfuro que son abundantes en la mitad C-terminal de las proteínas Cry de 130 kDa (36). El intestino medio de la mayor parte de las larvas de insectos susceptibles (lepidópteros, dípteros y algunos grupos de coleópteros) se caracteriza por su alto pH y condiciones reductoras (36).


La mayor parte de las proteínas Cry se producen como protoxinas, que para ser activas deben ser procesadas por las proteasas del intestino medio de los insectos liberando el fragmento tóxico. Puede generalizarse que el procesamiento típico de las toxinas Cry1 se da por el corte de los primeros veintiocho residuos del extremo N-terminal en un sitio conservado (6) y de los últimos 500 residuos del extremo C-terminal, quedando de esta forma un fragmento resistente a proteasas de entre 55 y 65 kDa que se le denomina "toxina". La posición del sitio de procesamiento en el extremo C-terminal no es constante sino que se localiza en la región 609 a 630 ( 71, 50, 65).


La estructura tridimensional determinada por difracción de rayos X de la porción tóxica de las proteínas Cry3A (41) y Cry1Aa (24), ha revelado que estas moléculas están organizadas en tres dominios (Fig. 3). El dominio I está constituido por un ramillete de siete α-hélices anfipáticas donde seis de ellas rodean a la α-hélice 5. El dominio II está formado por tres láminas β-antiparalelas que terminan en asas ("loops 1, 2 y 3 ") en el vértice de la molécula formando un prisma. El dominio III está compuesto de dos hojas β-plegadas arregladas en forma de empanedado una sobre otra.


Todas las toxinas Cry presentan cinco bloques conservados en su secuencia de aminoácidos que se localizan en las regiones centrales y de contacto entre los dominios. La localización estratégica de estas regiones permite inferir que los miembros de la familia Cry que las contengan podrian tener un plegamiento similar y por lo tanto un mecanismo de acción semejante.


b) Unión al receptor

Se ha demostrado que después de ser activadas, las proteínas Cry se unen a sitios específicos localizados en la microvellosidad de las células columnares del intestino medio de las larvas de insectos susceptibles: lepidópteros (29), coleópteros (6) y dípteros. La figura 9 muestra una inmunolocalización de la unión de la toxina Cry1Ab a la microvellosidad apical de las células del intestino de Manduca sexta.


La unión a estos sitios es muy específica, como la de una llave con su cerradura, es una etapa determinante en la toxicidad (70) por lo que diversos grupos de investigación han dedicado un gran esfuerzo a entender cómo ocurre este proceso. La mayor parte de los análisis se han hecho con larvas de lepidópteros y toxinas de tipo Cry1 (55), y algunos estudios con la toxina Cry3A y el coleóptero Tenebrio molitor (4).


De los resultados obtenidos en los estudios de competencia se puede generalizar que la constante de disociación (Kd) entre las toxinas y sus sitios de unión para el caso de los lepidópteros es del orden de 0.2 a 50 nM, y que la concentración de sitios de unión (Bmax) va de 0.4 a 62 pmoles/mg de proteína de vesículas (55). Para el caso de la toxina Cry3A y las VMMA de T. molitor se determinó que la Kd y Bmax es de 17.5 nM y 304 pmoles/mg de proteína de vesículas, respectivamente(4). Los estudios de competencia homóloga han mostrado que la cinética de unión de las toxinas Cry a las VMMA de los insectos susceptibles es bifásica, compuesto de un paso reversible y otro irreversible (70, 43). La interacción inicial entre la toxina y su sitio de unión (unión reversible) es un requisito para la toxicidad pero no es suficiente. Los eventos posteriores tales como la unión irreversible y la inserción en la membrana parecen estar más correlacionados con la toxicidad.


Las regiones de la toxina que participan en la interacción con el receptor se localizan en los dominios II y III. Estas regiones se han identificado por medio de análisis de mutantes sitio-dirigidas. Se ha determinado que las cuatro regiones prominentes en esta interacción en el dominio II son: el loop de la α-hélice 8 y las loops 1 (entre β2 y β3), 2 (entre β6 y β7) y 3 (entre β10 y β11). La función de cada una de estas regiones puede ser diferente en los distintos insectos susceptibles. Por ejemplo, los residuos que conforman el loop de la α-hélice 8 de Cry1Ab son importantes para la interacción inicial con el receptor en Lymantria dispar. Sin embargo, esta misma región no es importante en otras especies de insectos sensibles como M. sexta y H.virescens (39).


Algunas mutaciones afectan la etapa inicial de la interaccion con el receptor (unión reversible) produciendo proteínas con menor afinidad y con menor toxicidad. Este es el caso de las mutaciones en el loop 1 de la toxina Cry3A, que pierden su habilidad para unirse al receptor y su toxicidad hacia T. molitor, (73). El loop 3 de la toxina Cry1Ab tambien es importante en la interacción inicial con el receptor , las mutantes en esta región son 13-100 veces menos tóxicas (11). Tambien la deleción de una gran parte del loop 2 en Cry1Aa (365LYRRIIL371) o su sustitución por alaninas provocó una pérdida sustancial de la unión inicial con el receptor y la toxicidad hacia Bombyx mori (46).


Otras mutaciones causan cambios en la segunda etapa de la interacción con el receptor (la union irreversible) conduciendo tambien a una baja toxicidad. Este es el caso de las mutaciones en el loop 1 de la toxina Cry1Ac, donde el aminoácido G312 participa en la interacción irreversible con el receptor en M. sexta (64). Otro ejemplo son las mutantes en las que se eliminó la región 371FNIGI375 del loop 2, asi como modificaciones puntuales (F371A y G374A) que perdieron cerca de 400 veces su potencia hacia M. sexta, pero no mostraron un cambio significativo en los parámetros de unión, sino en la unión irreversible con el receptor (56). Experimentos posteriores en los que el residuo F371 se reemplazó por Cis, Val, Ser, Lis, Thr y Trp mostraron que la toxicidad de Cry1Ab hacia M. sexta está correlacionada con el tamaño e hidrofobicidad del aminoácido de esta posición.


La mutagenesis del dominio II ha generado toxinas con mejores parametros de unión que resultaron ser más tóxicas. Un ejemplo de esto que es el caso de la toxina Cry1Ab N372A-A282G-L283S; esta mutante presenta una afinidad de 18 veces mayor y resultó ser 36 veces más tóxica que la toxina silvestre hacia L. dispar (57). Este dato demuestra que es posible hacer mas efectivas o ampliar el rango de acción de las toxinas Cry a traves de mutagenésis, lo cual tiene un gran impacto biotecnológico para la producción de mejores bioinsecticidas.


El dominio III tambien participa en la determinación de la especificidad (9). La construcción de proteínas quiméricas entre Cry1C y Cry1Ea mostró que el dominio III de la primera es determinante para la especificidad hacia Spodoptera exigua y Mamestra brassicae (6, 12). Inclusive, la quimera entre las proteínas Cry1Ab y Cry1C resultó en una proteína 10 veces más tóxica hacia S. exigua (12) que la toxina Cry1C.


Se han hecho importantes esfuerzos dirigidos a la identificación, purificación y caracterización del receptor de las proteínas Cry, en la microvellosidad apical de las células columnares del intestino medio. Se ha encontrado que para la mayoría de las toxinas Cry1 estudiadas, las moléculas a las que se unen con alta afinidad son glicoproteínas de entre 63 y 220 kDa (26, 53, 20, 35, 32). Se propone que la interacción inicial es la existente entre la toxina y el carbohidrato del receptor, mientras que la unión irreversible se asocia con una interacción proteína-proteína.


Este tipo de estudios es aún incipiente para el caso de los coleópteros y los dípteros. Se encontró que en el coleóptero T. molitor la molécula de unión es una proteína de 144 kDa (4), mientras que una de 148 kDa y otra de 78 kDa se identificaron como las proteínas de unión para la toxina Cry11Aa en las vesículas de los mosquitos Anopheles stephensi y Tipula oleracea (16), respectivamente.


En la Tabla 1 se enlistan los resultados sobre el esclarecimiento de la naturaleza bioquímica del receptores para las proteínas Cry1. Las proteínas de unión para las toxinas Cry1Aa, Cry1Ab, Cry1Ac y Cry1C son miembros de la familia de las aminopeptidasas de tipo N con peso molecular cercano a 120 kDa. Para la toxina Cry1Ab en M. sexta se encontró que además se une a un miembro de la familia de las caderinas (68).


La aminopeptidasa N (APN) está unida a la membrana mediante un ancla de glicosilfosfatidilinositol (GPI) (21). El ancla de GPI es susceptible a la acción de una fosfolipasa C específica endógena del insecto que la convierte en una forma soluble de 115 kDa (47). Esta forma soluble retiene su capacidad de unir a la toxina y lo hace de manera específica. Se ha demostrado que el azucar N-acetil-D-galactosamina (NAGal) inhibe de manera específica la unión entre la APN y la toxina Cry1Ac en M. sexta (37), H. virescens (22), L. dispar (69) y P. xylostella (49). Esto sugiere que la proteína de unión de Cry1Ac es un glico-conjugado que contiene NAGal y que este azúcar participa directamente en la interacción entre ésta y la toxina.


c) Inserción en la membrana y formación de poro


La fase irreversible de la unión de las proteínas Cry a la membrana se considera como una evidencia de que las proteínas Cry se insertan en la membrana, para luego causar la destrucción del tejido intestinal de las larvas de insectos susceptibles (70, 43).


Se han aislado algunas mutantes en el dominio I afectadas en la union irreversible y se propone que estas mutantes son incapaces de insertarse en la membrana, ya que estas mutantes involucran la introducción de una carga negativa (A92D) (72) o bien la eliminación de una carga positiva (R93) (31). Ambas mutantes se localizan en la cara inferior del dominio I que está expuesto hacia la membrana y se propone que estos cambios evitarian la interaccion con la membrana, quien tiene carga negativa (Fig 3).


Se ha demostrado que a dosis μM (1000 veces más que la dosis letal media) las proteínas Cry son capaces de interactuar con membranas lipídicas artificiales e insertarse en las mismas, formando canales permeables principalmente a cationes (15) pero tambien a aniones y solutos neutros (74, 61, 44). Se comprobó que la capacidad de la toxina Cry1C para interactuar con una membrana modelo, aumenta de forma sustantiva al disminuir el pH (pH < 5), y que ésto está correlacionado con el aumento en la hidrofobicidad de la superficie de la molécula (8). Estos datos sugieren que en estas condiciones in vitro, la proteína sufre un cambio conformacional que la lleva a un estado competente para la inserción. Es posible que in vivo se logre una transición a un estado conformacional similar, por ejemplo, por la unión al receptor. Es importante señalar que a concentraciones fisiológicamente relevantes (pM-nM), las proteínas Cry no se insertan de manera espontanea en las membranas biológicas que carecen de los receptores específicos (36, 44).


Con base en el conocimiento que se tiene acerca de la inserción de otras toxinas bacterianas formadoras de poro (42, 54) se han propuesto dos modelos posibles de la inserción de toxinas Cry en la membrana (Fig 10). Un primer modelo (modelo del abrecartas), propone que las α-hélices 5 y 6 se insertan en la membrana como consecuencia de un cambio conformacional disparado por el receptor, sin mayor participación de las hélices y dominios restantes. El otro modelo (modelo de paraguas) plantea también que despues de la unión con el receptor, se inserta la región α4-α5, mientras que el resto de las hélices se aplanan sobre la superficie de la bicapa lipídica exponiendo hacia ella su cara hidrofóbica quedando de esta manera la molécula en forma parecida a un paraguas (36). Existen evidencias que respalda este último modelo. Se introdujeron residuos de cisteína para formar puentes disulfuro entre algunas de las hélices del dominio I de la toxina Cry1Aa y así restringir el movimiento de la α-5 y posteriormente se analizó la capacidad de estas proteínas para formar canales iónicos en bicapas lipídicas. Se encontró que a diferencia de la proteína silvestre, las mutantes fueron capaces de formar poros sólamente en presencia de un agente reductor (b-mercaptoetanol) que rompe los puentes de disulfuro, lo que puso de manifiesto la necesidad de que las hélices α4 y α5 conserven flexibilidad en su estructura para una inserción y formación de poro eficiente (62). En este mismo estudio se demostró que un prerequisito para la formación del canal es la separación del dominio I del resto de la molécula, ya que la mutante con un puente disulfuro en la interfase dominio I-II fue incapaz de formar canales en su estado oxidado. Por otro lado la mutante en hélice α-4 en la que se cambió un aminoácido con carga negativa (aspártico 136) por uno sin carga (citeina) resultó no tóxica y presentó una formación de poro muy baja. Se demostró que si se reconstituye la carga negativa de este residuo utilizando un reactivo con carga negativa que reacciona con grupos thiol presentes en la cisteina se regenera la capacidad de formar poros en membranas artificiales. Este dato sugiere fuertemente que la helice α-4 esta localizado en el lumen del poro de la toxina (51)


Experimentos de protección osmótica demuestran que después de unirse al receptor e insertarse en la membrana, las proteínas Cry forman poros con un diámetro de 1 a 2 nm (34). El tamaño de estos poros y la aparición frecuente de múltiples estados de conductancia en los estudios de la actividad de las proteínas Cry en bicapas lipídicas planas (63, 61, 24, 62) se han considerado como evidencias de la formación de diversos estados de agregación de las δ-endotoxinas. Se propone que se requieren cuatro toxinas Cry para formar un poro en donde las helices 4 y 5 se encuentran insertadas en la membrana.


d) Citólisis


Se ha propuesto que las proteínas Cry causan la muerte de las células epiteliales al inactivar el sistema que mantiene el gradiente de pH y por citólisis osmótica (34). Las toxinas Cry aumentan la permeabilidad de la microvellosidad apical a cationes, aniones, agua y moléculas de mayor tamaño. Esto causa a su vez que se colapse la diferencia de potencial y por tanto se pierda la fuerza motriz que dirige la entrada de aminoácidos al interior celular, así como la redistribución de los cationes entre el lumen y el citoplasma. Se considera que el efecto más devastador de este proceso es la alcalinización del citoplasma, ya que ésto interfiere con el metabolismo celular normal, que tiene como consecuencia final la destrucción del epitelio intestinal. Una vez que las células columnares y caliciformes se destruyen, las esporas de Bt tienen acceso al hemolinfa, medio en el que proliferan. La consecuencia final de la destrucción del intestino medio y la proliferación de bacterias en la hemolinfa es la muerte de las larvas por inanición y septicemia.


Bacillus thuringiensis, Bacillus anthrancis y Bacillus cereus: Una sola especie bacteriana?


Como se mencionó previamente, B. thuringiensis esta estrechamente relacionado con las bacterias B. anthracis y B. cereus. B. anthracis es el agente causal de la enfermedad, con frecuencia letal, conocida como anthrax, mientras que B. cereus es se le considera una bacteria de suelo y un patógeno oportunista del humano. En el caso de Bt los genes cry se encuentran usualmente en plasmidos de alto peso molecular, este es también el caso de los factores de virulencia de B. anthracis (67). Cuando los plasmidos que contienen los genes cry se pierden ya no es posible diferenciar a B. thuringiensis de B. cereus (67). Una diferencia importante de B. thuringiensis y B. cereus con B. anthracis es la mutación, en B. anthracis, de un factor transcripcional llamado PlcR el cual modula la expresión de genes que codifican para factores the virulencia extracelulares, lo cuál explica algunas diferencias fenotípicas como son la ausencia de lecitinasas y de actividad hemolitica por B. anthracis (28). Un estudio de las relaciones filogéneticas de estas tres especies bacterianas comparando la secuencia de varios genes y por medio del análisis de isoformas de varias enzimas centrales del metabolismo, mostró que estas tres especies bacterianas son indistinguibles genéticamente (28). Esta relación tan estrecha entre Bt y bacterias patógenas como B. anthracis, pone en duda el dogma de que el liberar grandes cantidades de esporas de Bt al medio ambiente no causa ningun efecto nocivo, sobre todo si tomamos en cuenta que la tranferencia horizontal de plasmidos puede alterar dramaticamente los fenotipos de virulencia de estas especies bacterianas. Es por esto que en algunos paises se inactivan o matan las esporas por exposición a compuestos radioactivos y de esta manera se evita la liberación de grandes cantidades de esporas al ambiente.